Plan de Ayala ruptura entre Zapata y Madero: Felipe Ávila

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Plan de Ayala ruptura entre Zapata y Madero: Felipe Ávila

Notapor mex4you » Jue Jul 15, 2010 6:58 pm

El Plan de Ayala fue la justificación política para

la ruptura entre Zapata y Madero: Felipe Ávila



***La escisión ruptura fue consecuencia de las intrigas de la oligarquía, el gobierno y el ejército, que motivaron el incumplimiento de acuerdos y promesas



Como una auténtica tragedia griega, en la que estuvieron en escena dos personajes de buena fe, de buenos sentimientos y con un profundo compromiso con la nación, pero que se vieron rebasados por los circunstancias generadas por los grandes intereses de la oligarquía política y económica de la época, calificó el historiador Felipe Avila, la ruptura entre Emiliano Zapata y Francisco I. Madero, dos de los personajes emblemáticos de la Revolución Mexicana.



Durante la charla titulada Madero vs. Zapata del ciclo de conferencias sobre Zapatismo, que se desarrolla en el marco de la exposición Zapata en Morelos, abierta al público en el Museo Nacional de Historia (Castillo de Chapultepec), el especialista definió al Plan de Ayala como la justificación política del Caudillo del Sur para romper con el prócer de la democracia, pues es un llamado a derrocarlo y a concluir la revolución que Madero dejó a la mitad; es decir, llevarla hasta sus últimas consecuencias.



Para dar contexto a este hecho histórico, Ávila trazó la semblanza de estos dos personajes de origen familiar opuesto, pues Madero provenía de la alta sociedad empresarial del norte del país, mientras Zapata surgió de un núcleo campesino y por tanto pobre, del sur de Morelos. Sin embargo, los acontecimientos políticos por un lado y los problemas derivados de las marcadas desigualdades e injusticias del México rural, los hicieron coincidir en 1911, a raíz de la caída de la dictadura porfirista.



En opinión del historiador Madero era un empresario humanista, un hombre de buena fe al que le interesaba el bienestar de los demás y que cuando estudió en Europa, entró en contacto con la doctrina espiritista, la cual nos ha sido mostrada con un velo de prejuicio y con una connotación negativa, más identificada con la chifladuría y la personalidad supersticiosa que se le ha endilgado, bajo la afirmación de que ponía el destino en manos de fuerzas sobrenaturales y no tenía los pies sobre la tierra.



Tras descalificar esos comentarios mal intencionados, Ávila explicó que hace 100 años el espiritismo era una doctrina profundamente humanista que abanderaba una postura ética, a través de la cual se buscaba encontrar respuesta a hechos y situaciones para los que no había una explicación racional, que buscaba resolver los grandes problemas a partir de la solidaridad, la cooperación y de la espiritualidad.



Ese fue el sentido que tuvo para Madero, subrayó, significaba una conducta ética de ayuda hacia los demás. Si algo lo definió es que fue un hombre espiritual, que creía en los demás y que asumió como proyecto de vida la misión de contribuir a resolver los grandes problemas del país. Por eso entró a la política, como una forma de cumplir la misión, el apostolado con que las fuerzas espirituales habían marcado su vida.



Consideró que una decisión tan importante como la tomada por Madero de llamar a una revolución para derrocar a un gobierno que parecía invencible, puede parecer una locura desde una óptica contemporánea. Sin embargo, lo hizo porque estaba convencido de que debía conducir al país a la modernidad, a la democracia, hacia la solución de sus graves problemas y que iba a triunfar.



Sobre Zapata, comentó que era un campesino común del centro-sur de México, integrante de una familia del ámbito rural, cuyos antepasados habían participado en las gestas heroicas del siglo XIX. Se distinguió en su actividad como caballerango y en 1908 fue elegido presidente del Consejo Municipal de Anenecuilco.



Felipe Ávila relató que un año después, el pueblo solicitó permiso para sembrar las tierras que al paso de los años les habían sido arrebatadas por la vecina Hacienda del Hospital, mismas que les eran rentadas. Su petición fue rechazada y con Zapata a la cabeza, en una actitud desesperada, hicieron una incursión violenta que fue reprimida por los rurales.



Añadió que en 1910 al estallar el movimiento armado impulsado por Madero, Zapata vio la oportunidad de encontrar aliados, de extender su movimiento y de dar a conocer con amplitud los problemas de los campesinos. Así, se sumaron a la insurrección, crecieron en contingentes y capacidad militar, hasta que el 12 de mayo, días antes de la renuncia de Porfirio Díaz, tendieron un cerco a Cuautla.



Como resultado del Pacto de Ciudad Juárez, se estableció un gobierno de transición depositado en Francisco León de la Barra, quien había sido ministro de Relaciones Exteriores de Díaz. Y paralelamente, Madero operaba apoyado en la fuerza política adquirida, en una especie de diarquía, el poder dividido en dos cabezas.



Ávila afirmó que Madero emprendió una profunda revolución política y mandó al basurero de la historia al porfirismo. En dos meses, hizo una renovación completa en las gubernaturas, jefaturas políticas y ministerios; luego, llamó al desarme y licenciamiento de las tropas revolucionarias, a lo que Zapata se opuso, pues desde su punto de vista quedaba pendiente el cambio social y económico, la justicia para los campesinos.



Frente a ello, recordó, hace 99 años entabló pláticas de negociación con Madero, quien lo convenció de acatar la disposición, aunque no lo hizo del todo. “En ese momento entraron a la escena los poderes fácticos, particularmente los hacendados morelenses que a través de la prensa comenzaron a construir la leyenda negra del Zapata sanguinario, del Atila del Sur”.



Abundó que fue entonces, que León de la Barra hizo caso de las intrigas; el Ejército Federal vio la oportunidad de tomar venganza de Madero y emprendieron una campaña antizapatista, sin tomar en cuenta los compromisos de respeto, amnistía y atención a los problemas agrarios que ambos personajes habían establecido.



De acuerdo con el historiador Zapata se sintió traicionado, pues a pesar de su buena fe, Madero había permitido una celada para asesinarlo y huyó para refugiarse en las montañas de Puebla, desde donde, meses después, declaró la guerra contra Madero al lanzar el Plan de Ayala.



“Al leer el Plan de Ayala, una de las cosas que más llama la atención es el profundo antimaderismo que expresa el documento. Madero es descrito con los peores calificativos, como un traidor a la Revolución y como alguien peor que Porfirio Díaz. La virulencia del texto debe entenderse como la enorme decepción de Zapata, quien había puesto en Madero todas sus esperanzas”, puntualizó.



Felipe Ávila aseguró que la ruptura entre Zapata y Madero es uno de los acontecimientos fundamentales para entender a la revolución y a ellos mismos, pues las circunstancias hicieron insuficiente la buena voluntad de uno y otro, pues con sólo esos elementos no se podía dar solución a todo lo que había en juego.



Finalmente, Felipe Ávila observó que detrás de todo esto estaba el contenido de la revolución. Para Madero, era un acontecimiento político, centrado en la caída del régimen oligárquico, dictatorial y excluyente construido por Porfirio Díaz; mientras para Zapata, el espectro era mucho más amplio y abarcaba lo social, lo económico y la tenencia de la tierra.



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