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Museos 2016-08-11 10:45

El último viaje de la fragata mercedes, una invitación a sumergirse en el mar de la historia y sus avatares

En el Museo Nacional de Antrpología hasta el 10 de octubre



El último viaje de la fragata mercedes, una invitación a sumergirse en el mar de la historia y sus avatares



El visitante a la exposición experimenta de inmediato sentir



que está a bordo de la nave española hundida por la flota



inglesa el 5 de octubre de 1804





Utilizando su poder, igual que el día de su traslado, el monolito de



Tláloc, que resguarda la entrada al Museo Nacional de Antropología,



está invocando a las nubes, sus infatigables serpientes aéreas, para



que rindan su carga.







Por su labio superior, anotó Sahagún, se entraba al inframundo;



los habitantes de San Miguel Coatlinchán (Estado de México),



afirmaban que el ídolo no podía ser movido del sitio donde reposaba,



porque era el tapón del mar. El desplazamiento de ese tapón, ha



permitido que esas dos dimensiones inframundo y mar, se acompañen



sin escándalo en la exposición El último viaje de la fragata Mercedes.







Si hay un infinitivo que lía la historia de la humanidad es



navegar. El hombre nació con la batalla declarada entre el ánimo de lo



infinito y la imposición del confín, que ha resultado continuamente en



desafío. La proximidad de los primeros seres humanos que surcaron



las aguas con nosotros queda explícita en la más sofisticada



tecnología: los navegadores informáticos; nuestro lenguaje cotidiano lo



confirma, navegamos en las redes, nos embarcamos en proyectos y



cuando ataca la desesperación, quemamos las velas.







Es así que nada más traspasar la puerta nos zambullimos en ese



último recorrido, porque lo que al visitante de la exposición le ocurre es



experimentar de inmediato el estar a bordo de la fragata, o “bajo del



mar” como va cantando un niño (recordando la canción de La sirenita



de Disney), mientras la recorre con plena libertad. El sonido de las



olas y las gaviotas nos envuelve y ya no existe más mundo que el de



esa suave penumbra marítima en donde es posible sentir y vivir el 5



de octubre de 1804.







La museografía al servicio de la imaginación nos deja escuchar



al fondo una voz con acento español, es la recreación del relato de



Diego de Alvear y Ponce de León sobre el suceso, y al mismo tiempo,



en una pantalla, el enfrentamiento entre la escuadra británica y la flota



española, la segunda protegiendo un tesoro que muy pronto quedaría



sepultado en las profundidades del mar, vuelve a ocurrir.







No es un hecho aislado, El último viaje de la fragata Mercedes es



parte y resultado de un mundo económico, político, social y artístico



particular, que la exposición despliega. Presentes están cuadros



pintados por Goya, exquisitas tiras de caricaturas francesas criticando



y burlándose de Gran Bretaña, el Tratado original de San Ildefonso de



1796, medallas expedidas con motivo de la ruptura por parte de



Inglaterra del Tratado de Amiens, que llevó al hundimiento de la



fragata.







Todos los sentidos cosquillean, los modelos que reproducen la



fragata la traen a unos centímetros de la mirada y por la cercanía, casi



al tacto. Los espectadores dan rienda suelta a esa guardada alma



marinera, al caminar por la reproducción de una parte de la cubierta



con réplicas de cañones y balas. Puede verse en la mirada de aquel



joven, mientras va de lado a lado cómo sueña con ser capitán, y poder



dar la orden de ataque.







O jugar a escapar de la persecución de la flota inglesa, a través



de la realidad aumentada… Un giro y se está frente al tesoro



recuperado por el Odyssey, montones de pedruscos de monedas



inseparables desde aquel día. Objetos personales, que se hundieron



con sus propietarios, herramientas.







Es probable que no se tenga conciencia de la fascinación que



ejerce sobre la evocación y ensoñación esta temática, pero en este



simbólico “todos a bordo”, nos sorprendemos bucaner@s, piratas,



capitanes Garfios, arqueólogos subacuáticos; vivos, despiertos,



poderosos.







El último viaje de la fragata Mercedes, tiene tal fuerza seductora



que parece decirnos al final que navegar se asemeja a una pulsión.



Que cada día es un izar las velas.



La exposición El último viaje de la fragata Mercedes se exhibe



hasta el 10 de octubre en el Museo Nacional de Antropología, Avenida



Paseo de la Reforma y Calzada Gandhi s/n, Colonia Chapultepec



Polanco.



ARR

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