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Noticias 2015-05-25 16:55

LAS HOJAS VOLANTES, REFLEJO DE LA CULTURA POPULAR DE LA NUEVA ESPAÑA

LAS HOJAS VOLANTES, REFLEJO DE LA CULTURA POPULAR DE LA NUEVA ESPAÑA



*** La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) resguarda una colección de más de 500 piezas



*** En estas hojas sueltas, en las que José Guadalupe Posada plasmó muchos de sus grabados,



se podían leer romances, sucesos fantásticos, plegarias y notas rojas



Durante el virreinato las calles y plazas de la Nueva España fueron utilizadas por los pregoneros



para ofrecer las hojas volantes, impresos en los que se narraban sucesos extraordinarios como



terremotos, inundaciones y crímenes, además de romances, corridos y plegarias, los cuales se



vendían por pocos centavos. La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) alberga



dentro de sus colecciones más de 500 de estos documentos (llamados literatura de cordel) que



reflejan la cultura popular de la época.



Tales obras efímeras aparecieron desde el siglo XVI, tras la llegada de la imprenta a la



Nueva España, y son el antecedente del periodismo en México. Cobraron auge a finales del siglo



XIX y principios del XX, gracias al impresor Antonio Vanegas Arroyo (1850-1917) y sus



grabadores José Guadalupe Posada (1852-1913) y Manuel Manilla (1830-1895), explicó Juan



Carlos Franco, catalogador del Archivo Antiguo de dicha biblioteca del Instituto Nacional de



Antropología e Historia (INAH).



El especialista recordó que la imprenta llegó a América en 1539, y en 1542 se vendió la



primera hoja volante en la Nueva España; en ella se relataba el terremoto ocurrido en Guatemala



un año antes. “Estas páginas eran el antecedente de los periódicos, porque informaban de



hechos sobresalientes, pero aún no había periodistas que hicieran investigación, como ocurrió



en la época del Porfiriato, simplemente reportaban lo ocurrido”.



La literatura de cordel incluía oraciones religiosas, hechos fantásticos y romances (que



después derivaron en corridos). Sirvió de “caballito de batalla” en muchas imprentas que,



mientras lograban publicar una obra de mayores dimensiones, vendían sus hojas sueltas por



En esos tiempos, los pregoneros recorrían las imprentas para adquirir las hojas y



después salían a las plazas a cantar los corridos. La gente se acercaba a comprar las letras



como si fueran un disco, explicó Franco.



En la primera década de 1900, uno de los competidores de Vanegas Arroyo fue Eduardo



Guerrero, a quien se le considera como el último en mantener la tradición de las hojas volantes;



sin embargo, su imprenta tuvo que adaptarse tras la aparición de la radio. Los compositores



vendían las letras y él las imprimía en las hojas volantes, que después se modificaron a hojas



más pequeñas que dieron origen a los cancioneros y propiciaron la extinción de la literatura de

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