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Noticias 2015-08-19 16:53

LAS NUEVAS TECNOLOGIAS ENRIQUECEN EL DISFRUTE DEL PATRIMONIO CULTURAL

Lejos de ser una dicotomía



LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS ENRIQUECEN EL DISFRUTE DEL



PATRIMONIO CULTURAL



*** Las nuevas herramientas digitales han abierto brecha en las industrias culturales, de manera



que en la actualidad organismos como el INAH ven en ellas fuerzas aliadas



*** En opinión de Alejandro Machorro, integrante del colectivo Cocolab, el mejor socio de este



sector es el entretenimiento



Durante los últimos 20 años, aplicaciones multimedia en teléfonos inteligentes, pantallas



interactivas en museos e intervenciones audiovisuales sobre monumentos históricos o



arqueológicos han enriquecido el disfrute del patrimonio cultural volviéndolo una experiencia



personalizada, sostuvo el doctor Diego Jiménez Badillo, investigador del Instituto Nacional de



Antropología e Historia (INAH).



Se trata de apuestas que buscan un equilibrio entre el negocio, el respeto a la obra



artística, el inmueble o las expresiones intangibles, el entretenimiento del usuario y el uso de



tecnologías adecuadas.



Las nuevas herramientas han abierto brecha en las industrias que exploran este campo, de



manera que organismos como el INAH ven fuerzas aliadas en ellas, tanto así que el Instituto



encabeza la Red Temática en Tecnologías Digitales para la Difusión del Patrimonio Cultural (Red



TDPC), explicó.



En esta segunda década del siglo XXI, en México se arriba a la madurez de la relación



entre las empresas culturales y creativas, y las instituciones que salvaguardan esta herencia. Tal



entendimiento implica que estas últimas cuiden los contenidos y que las empresas los hagan más



visibles y atractivos.



“Estamos en el mejor momento para ver los resultados de la aplicación de estas nuevas



tecnologías en beneficio de las instituciones culturales. En México esta revolución adopta lo mejor.



Se ha experimentado un cambio de perspectiva y hay un convencimiento de que este



conjunto de técnicas, lejos de competir, nos acercan a los valores, “llámense literarios, plásticos,



arqueológicos, históricos, etc., para comunicarlos mejor a las grandes audiencias, que es lo que



no sabemos hacer desde la academia”.



Diego Jiménez Badillo, quien desarrolla nuevas metodologías informáticas para aplicarlas



al análisis, conservación, difusión y divulgación en la materia, detalló que desde la década de



1980 hubo quienes dejaron los cubículos de universidades para incursionar en el establecimiento



de empresas culturales, algo que incluso ya se venía dando en los 70, como lo demuestran las



primeras publicaciones sobre este ramo.



“Hace aproximadamente 20 años, con la sacudida que trajo la socialización de la internet y



la consecuente aparición de comunidades virtuales, “se dio un impulso al emprendimiento de



gente joven, sobre todo creativos que han sabido crear alianzas con profesionales en tecnologías



multimedia y acercarse a las instituciones culturales para abrirles otras perspectivas de difusión a



su quehacer.



“Justo en estos momentos se han consolidado empresas que tienen presencia en



Latinoamérica. Profesionistas que estudiaron arqueología, etnografía, antropología, ciencias



sociales en general o humanidades, quieren poner sus propias empresas dedicadas a su



especialidad. Los jóvenes pueden tener éxito trabajando de forma privada, su destino no debe ser



necesariamente la academia”.



Prueba de ello son los colectivos Cocolab, Manuvo, siete|media y Medusa Lab, que



recientemente compartieron sus experiencias durante una charla realizada en el Centro Cultural



de España en México y que fue organizada por la Red TDPC. Sus representantes expusieron al



público las estrategias digitales, la creación de contenidos, su distribución y promoción, hasta



aspectos relacionados con los costos.



La visión de los grupos multidisciplinarios que constituyen cada una de estas empresas



permite al usuario o al público de espacios culturales descargar apps con poesía mexicana, los



pormenores del Códice Mendoza o acercarse a la gramática de la lengua mixteca. Las pantallas



interactivas dispuestas en exposiciones temporales o permanentes son otras herramientas que



hacen de la visita una experiencia lúdica que complementa a la museografía tradicional.



Para Alejandro Machorro, integrante de Cocolab, el estándar que se maneja en términos



de la aplicación de nuevas tecnologías a estrategias comunicativas es muy alto. “Sólo uniendo



diferentes pericias e instituciones enfocadas se pueden hacer trabajos relevantes”. Por ello,



finalizó, Cocolab integra en sí misma empresas especializadas en animación o productos



audiovisuales, set design, interacción, iluminación, programación de software y producción, project



management y administración, entre otras.

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