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Libros 2016-01-15 17:55

Coedicion de la Secretaria de Cultura y Ediciones Tecolote

Coedición de la Secretaría de Cultura y Ediciones Tecolote



Publican Cuentos de un minuto “para que no haya obstáculo a



nuestra ocupadísima vida cotidiana”



ï‚· El volumen es autoría de István Örkény (Budapest, 1912-



1979), dramaturgo, novelista y cuentista, quien también fue



soldado del ejército húngaro y prisionero de guerra en la



disuelta URSS







La tentación cabe en un minuto, entre 50 y 100 latidos del corazón



ocurren en un minuto, en ese lapso se toman decisiones y cesan de



existir los problemas más complejos. Igual que esos latidos van



apareciendo los Cuentos de un minuto, de István Örkény, que a través



de las ediciones del Programa Nacional de Salas de Lectura, presenta



la Secretaría de Cultura.



Estos cuentos llegan con instrucciones de uso dictadas por su



mismo creador: en primer lugar, nos aclara, estos cuentos ahorran



tiempo porque su lectura dura un minuto, lo cual, hemos de concluir,



no ocasiona ningún obstáculo para nuestra ocupadísima vida



cotidiana. “Mientras se cocinan los huevos pasados con agua o



mientras logramos comunicarnos con el número telefónico que



estamos marcando, sentados o de pie, en medio del viento o bajo la



lluvia”.



Por otro lado, el autor recomienda poner atención a los títulos, su



brevedad ha sido pensada para que sirva igual que cualquier



señalización. Por último, si no se entiende el cuento, vuelva a leerlo, si



después de esa lectura continúa sin entenderlo, entonces el narrador



asume toda la responsabilidad.



Acerca de lo grotesco, es el siguiente cuento, y éste sienta el



tono, la perspectiva y la idea que aproxima cada narración, es sencillo:



se invita al lector a doblarse sobre sí mismo, y mirar el mundo a través



de sus piernas. Un vaso de cerveza, un letrero, la muerte vistos en esa



posición se transforman. Esta sencilla sugerencia vale para entender



el movimiento que Órkeny le ha encontrado al mundo.



El señor D, ingeniero, trabajó horas extras casi sin descanso, la



señora D, se encargó de todos los trámites, consiguió préstamos,



buscó profesionales y hasta la madera necesaria, todo ello la llevó a



un desequilibrio psicológico, la hija estaba enamorada de otro, pero la



casaron con un veterinario, porque su familia les prestó dinero, el hijo



“aspiraba a estudiar medicina. Pero el asunto se redujo a la pregunta:



¿la carpintería del techo o el diploma de médico”. Los D han facilitado



toda la información para que cualquier lector les ayude a resolver una



pregunta que no los deja vivir: ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?



“Era un hombre que no valoraba demasiado las bendiciones de



la civilización”, era el doctor Gróh, uno entregado al cuidado de sus



pacientes. Paraba poco en casa, dos veces a la semana dormía en



casa de su jefe, las otras noches se quedaba de guardia o visitaba a



sus amigas. Tenía una estufa de hierro, y no un termocox, para la



calefacción de su hogar. ¿Sabe el señor doctor qué es el termocox? le



pregunta tío Kreibich, su paciente y estufista. Desde ese momento,



Kreibich fue triturando la resistencia del doctor, no con argumentos,



sino con la fuerza de la pasión. Después de instalarla le nacieron ideas



tan extrañas como que “ningún ser vivo -incluido él mismo- podía ser



tan perfecto como un termocox”. Tal vez el calor sea la fuerza más



poderosa y amorosa para la íntima transformación.



Las cosas pueden parecer absurdas cuando se describen de una



manera distinta a como normalmente las vemos, lo cual no significa



que no puedan ocurrir de esa forma. Por ejemplo, planear



exhaustivamente la construcción de la propia cripta. Interesado,



empleado e ingeniero, se reúnen para hacer presupuestos y diseñar esa última morada. El interesado desea asfaltarla, la lápida no es



necesaria, pero sí lo es un tubo de chimenea, no importa de qué



material, lo que es imprescindible es la luz eléctrica, “¿luz eléctrica? -lo



miraron asombrados los dos- ¿qué falta hace ahí la luz?” La respuesta



irritada que dará el interesado nos demuestra lo acertado del título: “La



esperanza nunca se pierde”.







En los vastos campos de las horas de todos los días llega como



una luz el sereno (a veces también desenfrenado), placer de leer



noticias. Esto ha desencadenado toda una industria que gira en torno



a perseguir lo que ocurre. Pero no hay necesidad de tal despliegue de



recursos y personas, así al menos lo ha descubierto el personaje del



cuento: Noticias y pseudonoticias, quien durante un viaje se da cuenta



que ese placer permanece intacto si lee noticias ocurridas tiempo



atrás. Entonces, concluye que da igual que sean verdaderas o falsas,



no existe tampoco una diferencia entre noticias o pseudonoticias, y



para probarlo construye algunas de estas últimas. El resultado es



hilarante, es también una prueba del absurdo contenido de lo que



consideramos relevante como absurda es la persecución del último



momento o la veracidad.

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